Literatura

Recuerdo

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Recuerdo el calor intenso dentro del volkswagen, y la tapicería negra, de cuero falso, que quemaba las piernas de los desprevenidos.

Recuerdo el pelo de mi mamá, libre a pesar del pañuelo azul con que ella intentaba confinarlo, contrariando la brisa.

Recuerdo el polvo amarillo que envolvía todo en días secos, el barro angustioso en el que nos resbalábamos si había llovido.

Recuerdo el malestar en las curvas de la vía y el horrible olor ácido cuando mi estómago se vertía íntegro sobre el asiento trasero. Recuerdo los cientos de viajes que hice con el estómago vacío.

Recuerdo las galletas de soda que mamá tenía siempre a mano para los momentos críticos, o sea para las partes del camino en que había más curvas.

Recuerdo que el viaje me parecía interminable.

Recuerdo a mi papá buscando un lugar para estacionarse bajo alguna palmera.

Recuerdo que papá nunca, por ningún motivo, estacionaba el carro al lado de otro del mismo modelo. Recuerdo la frase: “Así no me roban el espejo”.

Recuerdo mi traje de baño, azul y blanco, con un timón estampado.

Recuerdo el agua salada y fresca que nos recibía con abrazos de espuma, a mi padre enseñándome a flotar y a mi madre disfrutando un sol intenso.

Recuerdo castillos de arena, tobos, paletas plásticas y pelotas inflables de seis colores.

Recuerdo jugar de una manera que sólo es posible durante esa edad de azúcar y helados.

Recuerdo el pollo empanizado y una eterna hora de la digestión que atrasaba el momento mágico de volver a abrazarme con el mar, ese primer amor que nosotros abandonamos y nunca al revés.

Recuerdo que siempre nos amamos.

Recuerdo mis dedos de viejito.

Recuerdo el viento en la tarde y la arena con sus salpicaduras en mi cara, como una sutil caricia en las mejillas.

Recuerdo el drama al ver cómo se iban yendo los demás. Significaba el fin de la jornada y tener que salir del agua, pero siempre nos quedábamos y salíamos de últimos.

Recuerdo los atardeceres y la inmensidad de la enorme bola anaranjada ocultándose en el borde del agua.

Recuerdo a mis padres explicándome el significado de “horizonte”.

Recuerdo mis pies llenos de arena y las latas de cerveza que servían de recipiente para el agua con que los lavaba antes de meterlos en el carro.

Recuerdo mis piernas quemándose en el cuero del asiento.

Recuerdo la casa grande, el mecer y el sonido del mar en mi cama, en medio de la ciudad.

Soy periodista y músico

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